¿Violencia en el fútbol?

Israel Mingo es el árbitro madrileño de Preferente que también es juez de línea en Tercera en la actualidad, y la pasada temporada le sancionaron durante un mes por suspender un partido de categoría cadete ante las amenazas e insultos de un aficionado. ¿Acaso esto sería justo? Israel simplemente se estaba defendiendo ante las acusaciones de un hincha indignado. Pero esto no sólo quedó así, antes de que concluyera la campaña, tuvo que recurrir a la policía por otro percance en el que le condenaron a pagar 200 euros a un aficionado que aseguraba que había sido agredido.

Sus casos no son excepciones aisladas, sino episodios que asaltan con regularidad al mundo del fútbol. Vejaciones, exabruptos, violencia machista, agresiones… No hay datos oficiales, solo alguna estimación. Si el fútbol es una pirámide, la frecuencia es mayor cuanto más abajo nos encontremos. La élite, el profesionalismo, presenta esos problemas, a veces de forma accidental, siempre mediática, pero la forma de abordarlos es distinta y su aparición, más esporádica. En los cimientos, coinciden diversas fuentes, el eco ha sido inexistente, un cuentagotas que gana peso en la era de las redes sociales.  No es algo nuevo en el fútbol con niños o jóvenes.

Pero estas agresiones están cada vez más a la orden del día. Sobre un universo de 1.583 actas, se habían registrado 38 agresiones, 64 conatos y más de 200 agresiones verbales. Han pasado 20 años y el escenario no ha cambiado absolutamente nada; no existe ningún tipo de inversión pública en materia de protección o  concienciación, no hay cultura preventiva. Señores, el deporte es un juego, ¿realmente hay necesidad de introducir la violencia en él?

Injustas agresiones como la de Israel Mingo se han ido produciendo a lo largo de esta última temporada futbolística. Estas son algunas de las más destacadas:

Agresión y huida. Una de las agresiones más llamativas fue la producida en el partido de la Tercera Autonómica que enfrentaba al Marín B y el Atlético Estación. El jugador local Víctor Rodríguez fue sancionado con nueve meses tras propinar varios golpes en la cara del árbitro, una vez finalizado el encuentro, cuando se encontraba en los vestuarios. El colegiado fue trasladado desde el campo de San Pedro hasta el Hospital Domínguez con un traumatismo facial, una contusión en el ojo izquierdo y erosiones en el labio. Cuando llegó la policía local a tomar declaración al agresor, ya había abandonado el campo.

Dos árbitros agredidos en un mismo día en Ourense. Un mismo día, el pasado 15 de marzo, con quince minutos de diferencia, y en apenas 40 kilómetros de distancia, el fútbol ourensano enrojeció de vergüenza al comprobar que dos colegiados habían sufrido preocupantes agresiones, en sus partidos correspondientes al grupo 10 de Segunda Autonómica. “No se esperaba algo así, porque además se trataba de un equipo que no se jugaba nada en el partido”, trataba de explicar atónito el delegado de los árbitros en Ourense Presas López.

Clausurado el campo del Meirás por insultos racistas. Esta temporada, también se ha producido el primer cierre de un campo por la falta de represión de comportamientos racistas reiterados por un sector del público. Fue durante el partido Meirás-Eume, correspondiente a la jornada 23 de Primera Autonómica, celebrado el pasado 15 de febrero.

Vergüenza a esto tipo de sucesos, vergüenza al deporte español, sobre todo de cara al resto de países de la Unión Europea que nos define como “agresivos y conflictivos”. Excesivos abusos que en estos últimos meses han llegado a su culmen, tras conocer la noticia del hincha deportivo, Jimmy de 43 años, que falleció el pasado 16 de diciembre debido a una disputa entre ultras a las afueras del estado Vicente Calderón.

No creo que haya necesidad de llegar a estos extremos, al fin y al cabo el deporte es un juego cuyo objetivo principal es divertirse y pasarlo bien sanamente. ¡Recapacitemos!

 

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